sábado, 31 de marzo de 2012

Los sueños

¿Que pasaría, si todo tu vida no fuera nada más que un sueño?
Todos los momentos vividos, todas  las personas que has conocido; amigos, enemigos, familiares o simplemente gente que te cruzabas por la calle y que no volviste a ver. ¿Qué pasaría si todo eso jamás hubiera existido de verdad? ¿Qué ocurriría si sólo existiese en tu imaginación?
Y como en algunas películas, que sale una escena y todo parece tan real; las casas, la gente, los diálogos entre ellos. Pero de repente, el protagonista se despierta, y todo lo que había creído que era su vida en un momento concreto, se disipa, y sólo queda él, confundido entre la realidad y lo ficticio.
Entonces imaginémoslo así, toda tu vida, has estado creyendo que lo que vivías era lo real, pero ¿y si lo “real” era otra cosa? ¿Como sabemos si estamos en lo correcto, o estamos soñando? Porque cuando soñamos, todo nos parece de verdad, nos creemos que eso es la realidad, es nuestra vida.
Quizá, todo esto sea un sueño, puede que sea un sueño de muchos, o sólo y exclusivamente tuyo. Puede que tú hayas inventado toda una vida, y aunque parezca imposible, la imaginación y la capacidad de soñar no tiene límites.
O tal vez, a lo largo de la vida has vivido soñando, un largo sueño, del que no te despiertas hasta que mueres, y sólo ahí, cuando tus ojos se apagan y no vuelven a brillar otra vez más, sólo ahí, cuando la gente a la que querías llora por ti, es ahí una vez más cuando este sueño, un sueño llamado “vida”, se acaba y deja paso a otro. Uno como tú quieras imaginarlo.
Al fin y al cabo, tu vida es un sueño, y hay veces en los sueños, que tienes el poder de cambiar las cosas, de decidir lo que quieres hacer. Por lo tanto, vive tu vida como si fuera un sueño, haz lo que quieras en el instante que te apetezca.

viernes, 30 de marzo de 2012

Apagado para siempre


Cuando llega la hora de marchar, de irse de este mundo, a todos nos gustaría que en el último suspiro, en la última bocanada de aire, viéramos pasar nuestra vida, y observásemos momentos felices, llenos de alegría; nos gustaría ver que habíamos aprovechado nuestra estancia aquí, que conseguimos vivir felices y hacer lo que nos gustó hacer. Todo el mundo en la vida, hace lo posible, para no descubrir en el momento de su muerte, que no ha vivido.
Y los que se van, ya no tienen porque preocuparse, si han vivido felices, se llevarán un buen recuerdo de la vida. Pero, ¿y los que se quedan? Los que se quedan, sólo pueden recordar, y pensar que, ya no volverán a oír su voz, ni una sola vez más, ni su sonrisa; no podrán volver a mirarle a los ojos y sentir que el mundo se pare. Sólo a algunos les queda el consuelo, que quién se fue, lo hizo queriéndole y tuvo la oportunidad de despedirse de aquella persona, disfrutó, hasta el último momento de los latidos de su corazón, pudo oírlos y compartir los. Pero en cambio otros, no tienen esa suerte, y no tienen la oportunidad de decirles adiós, de ver sus ojos una última vez, antes de que se apaguen para siempre.